
Mentoplastia
No todas las soluciones pasan por la cirugía más compleja. Esta paciente llegaba con un perfil de clase II —un mentón retruido que restaba equilibrio al tercio inferior del rostro—, pero con una circunstancia que lo condicionaba todo: ya había sido intervenida de una cirugía ortognática bimaxilar y mentoplastia en otro centro, y recordaba aquella experiencia como un trauma que no quería repetir. El reto, por tanto, no era solo técnico, sino humano: ¿cómo mejorar su perfil sin someterla de nuevo a la intervención que temía? La respuesta fue elegir el gesto más pequeño capaz de resolver el problema.
RESUMEN DEL CASO
La mentoplastia de avance reposiciona el propio hueso del mentón hacia delante mediante una osteotomía, devolviendo proyección al tercio inferior del rostro. En este caso, además, se retiraron las placas de osteosíntesis que la paciente conservaba de su cirugía previa, fijando el nuevo segmento en su posición avanzada. Todo el abordaje se realiza por vía intraoral, de modo que no deja ninguna cicatriz visible en la piel. La clave estratégica fue otra: en lugar de corregir de nuevo la base ósea con una ortognática —la intervención que la paciente quería evitar—, se optó por camuflar el perfil clase II actuando solo sobre el mentón, el punto donde un avance bien calculado produce el mayor cambio estético con el menor coste para la paciente.
«No siempre hay que que realizar una gran cirugía. A veces, un avance preciso del mentón basta para reequilibrar un perfil y, sobre todo, para respetar lo que la paciente está dispuesta a vivir.»
Se planteó desde el inicio como una estrategia escalonada: si el avance del mentón no lograba un resultado satisfactorio, se completaría más adelante con una nueva cirugía ortognática. No fue necesario. La mejora del perfil y, muy especialmente, de la transición entre el cuello y el mentón —esa línea que define la armonía del tercio inferior— fue notable, y la paciente quedó muy satisfecha. El valor de este caso está precisamente ahí: en haber resuelto su demanda con la intervención más pequeña posible, evitándole la cirugía mayor que tanto temía.
EVOLUCIÓN · ANTES Y DESPUÉS


Cada detalle del proceso —desde la planificación del avance hasta el seguimiento— se orientó a un objetivo doble: mejorar el perfil y, a la vez, respetar el deseo de la paciente de no volver a pasar por una gran cirugía. Verla satisfecha, con un perfil más equilibrado y una transición cuello-mentón armónica, sin haber necesitado más de lo imprescindible, es la mejor medida del éxito. A veces, la mejor cirugía es la más pequeña que resuelve el problema.

Cirugía ortognática y prótesis ATM